FLORA
Encinas centenarias (Quercus ilex). Puedes admirar estas encinas con su imponente estatura y densas copas, que pueden tener fácilmente más de cien años. Proporcionan sombra y refugio a una amplia variedad de vida silvestre. Adaptadas a condiciones de sequía y suelos pobres, son testigos de la historia, desempeñando un papel vital en la estabilidad y sostenibilidad de los ecosistemas.
Enebro (Juniperus communis). Tiene hojas en forma de aguja y frutos esféricos que se vuelven de un azul oscuro a medida que maduran. Sus bayas se utilizan en la producción de ginebra y remedios tradicionales. Puede sobrevivir en condiciones extremas, prosperando en suelos pobres y soportando fríos intensos. Ayuda a prevenir la erosión del suelo y proporciona alimento y refugio a diversas especies de vida silvestre.
Esparto (Stipa tenacissima). Esta planta herbácea tiene hojas largas, lineales y resistentes que forman densos agrupamientos. Adaptada a condiciones extremas de sequía y suelos pobres, previene la erosión del suelo. Tiene una gran importancia en la economía rural tradicional, ya que sus fibras se utilizan para fabricar cuerdas, cestas y otros productos artesanales.
Crocus de otoño (Crocus nudiflorus). Conocido por sus flores violetas que emergen directamente del suelo sin hojas visibles. Es fácil de detectar alrededor del convento a finales del verano y principios del otoño, añadiendo un toque de color cuando muchas otras plantas han dejado de florecer. También es importante porque proporciona néctar y polen a los polinizadores en una época del año en la que los recursos florales son escasos.
Espino (Crataegus monogyna). Tiene ramas espinosas y hojas lobuladas, y es apreciado por sus flores blancas y frutos rojos que maduran en otoño. Estos frutos son una fuente vital de alimento para aves y pequeños mamíferos durante los meses más fríos. También tiene importancia en la medicina tradicional, valorado por sus propiedades cardiotónicas y sedantes.
Lirio silvestre (Iris planifolia). Se distingue por sus flores azules o violetas que florecen a finales del invierno y principios de la primavera. Se puede encontrar en suelos calcáreos y rocosos. Adaptado a las condiciones climáticas mediterráneas, prospera en terrenos bien drenados y puede soportar las sequías estivales.
Orquídea abejera oscura (Ophrys fusca). Sus flores, en tonos marrones oscuros con patrones distintivos que imitan las alas y el cuerpo de una abeja, atraen a los machos emitiendo feromonas, asegurando la polinización. Florece en primavera entre la vegetación baja y las rocas. Más allá de su valor estético y de polinización, sirve como bioindicador de la salud del ecosistema.
Orquídea abejera amarilla (Ophrys lutea). Se destaca por sus brillantes flores amarillas, adornadas con un labelo marrón oscuro que asemeja la forma de un insecto. Las abejas confunden su flor con posibles parejas debido a su apariencia y feromonas.
Orquídea flor de espejo (Ophrys vernixia). Su nombre proviene de su labelo azul metálico y brillante que imita el abdomen de una avispa hembra, atrayendo a los machos para la polinización. Las flores, con bordes marrones aterciopelados y una base amarilla, emergen en primavera en terrenos soleados y bien drenados.
Orquídea abejera mayor (Orchis tenthredinifera). Esta especie se distingue por sus flores de color rosa a púrpura con un labelo amplio y estriado que se asemeja a las alas de una mariposa. Florece de abril a junio, prefiriendo áreas abiertas y soleadas. Sus flores pueden variar en color y patrón dependiendo de la ubicación y las condiciones ambientales, mostrando una increíble diversidad.